Despojarme de mi nombre como cuando pelas una cebolla y le quitas la primera capa. Esa primera no te hace llorar, así que puedo seguir con el proceso.
Luego viene mi profesión, olvidarme de que enseño idiomas y en general me gusta ayudar a la gente. Otra capa fuera. Ésta ya provoca escozor en mis ojos, pero sigo adelante.
