domingo, 14 de diciembre de 2014

Anoche fuiste mio


Te até al cabecero de mi cama 
con mi propio perfume 
y con aquel pañuelo azul de seda 
que te excitaba tanto. 

Mis ojos te bebían.
Refrendando tus ganas 
quebraba las barreras del respeto. 



Saboreé tu piel.
La pellizqué y mordí, sonreías con dicha. 
Y donde tu virilidad reposa
accedí a la anhelada reacción.


Entre brazos y piernas ya gimiendo
galopamos por horas imprecisas. 
Vibraron los quejidos,
florecieron las lágrimas 
anegando mi gozo, pues estaba soñando.

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