viernes, 18 de julio de 2014

Julio Cortazar-Una vida para escribir II

En 1963  aparece Rayuela, la que es considerada uno de los más
grandes libros de la literatura en idioma castellano. Para Cortázar la novela es la tentativa de transmitir la experiencia de toda una vida -la suya. Ante algunas críticas que consideraron a Rayuela como una "anti-novela", el autor no estuvo de acuerdo pues consideró que era una connotación negativa, venenosa, de destruir la novela como genero, lo que estaba muy lejos de su intención.  

Su intensión fue la de buscar nuevas posibilidades novelescas con el interés de que la actitud del lector se modificara. Se le ocurrió escribir un libro en el cual el lector tuviese un papel más activo al encontrar diferentes opciones para leer y seleccionar como quería que la historia ocurriera. Esto le pondría casi en un plano de igualdad con el autor. Eso es lo que él llamaba el lector cómplice a quien se reclamaba un rol más activo.


El segundo motivo de Rayuela según el autor, le "tocaba a él directamente". Ese libro fue "una tentativa para ir hasta el fondo de un largo camino de negación de la realidad cotidiana y de admisión de otras posibles realidades...de otras posibles aperturas" Es por esto que el "libro se desarrolla a lo largo de episodios incongruentes, absurdos...incluso incoherentes donde las situaciones más dramáticas son tratadas con sentido del humor y viceversa, donde hay episodios inaceptables desde un punto de vista realista cotidiano"  


Para gran sorpresa del autor quien creyó haber escrito un libro para personas de su edad (49)  la  mayoría de sus lectores eran jóvenes que en la novela encontraron sus problemas y experiencias reflejados. Ese fue el limite de su satisfacción.


Al preguntar a Cortázar sobre su éxito tras la novela, este respondió:

"Cosas como la consagración universal me son profundamente indiferente...Lo único que cuenta para un escritor como yo es que un día cuando abro las cartas que me llegan cotidianamente, haya la carta de una niña de Guatemala o de un muchacho de la Argentina, o de una maestra de España o de un francés de provincia o de la capital..."  "Me molesta esa noción de consagración universal que huele tanto a estatua con su pedestal y a artículo en la academia..."


Todos los fuegos en fuego  aparece en 1966. Es un libro de cuentos muy significativo. Recordado por los lectores por Autopista del Sur,  un cuento en el que la realidad y lo fantástico cohabitan relatando como un grupo de personas identificadas tan solo por el tipo de sus coches se ven atrapadas en un atasco en el que el tiempo parece no tener importancia. Mientras el atasco dura la vida pasa, se acaba y se renueva, a la vez que los personajes se relacionan entre si. 


Como anécdota Cortázar comentó que antes de escribir el cuento, él nunca había sufrido un atasco, pero leyó un articulista  italiano diciendo que los atascos automovilísticos no tenían ninguna importancia. Esto le pareció una apreciación superficial y frívola, pues para él los atascos eran unos de los signos más negativos "de la triste sociedad en que vivimos" porque probaba "una especie de contradicción con la vida humana, es decir una especie de búsqueda de la desgracia, de la infelicidad,  de la exasperación a través de la gran maravilla tecnológica que es el automóvil que debería darnos la libertad y que vuelta a vuelta no está dando las peores consecuencias"


 Cinco meses después de haber escrito el cuento se quedo atrapado por cinco horas en un atasco en una carretera de provincia francesa y descubrió con sorpresa, y un sentimiento de fatalidad que el comienzo de "su cuento se repite exactamente cuando estás en un atasco."


El cuento “La autopista del sur”fue adaptado al cine dos veces: Weekend (1967), de Jean-Luc Godard donde actúan personalidades como Mireille Darc y Jean Yanne, y Los embotellados o El gran
embotellamiento
, del director Luigi Comencini (1977).

En 1967 publica el libro La vuelta al día en ochenta mundos.  Sobre el supuesto de que Cortázar ironizara con el arte, éste responde que no bromeaba con lo que él entendía por arte, que con eso él vivía. "Qué la vida contenga una cantidad de broma...yo no soy solemne y creo tener el sentido del humor...como lo entienden los anglosajones" y "que en la circunstancias más trágicas, más dramáticas haya una reacción que te ponga del otro lado, y que te haga ver las cosas con humor y que te permita resolver los problemas espantosos, vistos con cierto distanciamiento, eso en sus relaciones con el arte solo vale como sentido del humor."



(Fin de la segunda parte. Para acceder a la primera parte pincha aquí)

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