viernes, 29 de abril de 2016

Mi padre y yo


Mi padre se llama como yo, y yo me llamo como mi hijo. Mi padre quería un hijo y durante todo el embarazo le decía a mi madre:

—María, tiene que ser un varón y se llamará como yo y cómo mi padre, José.

Mi madre no quería disgustarle .Le miraba con sus ojos castaños y poniendo su mano en la tripa le decía que palpara las patadas, que sería un hombrecito, que estaba segura.

Mi padre trabajaba desde que salía el sol hasta que desaparecía sobre las montañas que rodeaban el valle. Cultivaba tabaco, lo recogía y trasladaba las hojas al secadero. En el secadero mi madre le ayudaba con el ensarte.

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El día del parto la sorprendió en el sembrado, mi padre que limpiaba los surcos, tuvo que ayudarla. Tumbada sobre una manta del secadero allí le vinieron las contracciones y el pujo, y fue mi padre quien me recibió. Cuando me tuvo en sus brazos y mi madre preguntó que era, él tan solo dijo es José, María José.

Mi padre nunca ha extrañado un hombrecito en casa. Desde siempre estuve muy apegada a él y nos convertimos en inseparables.. Siempre he sido su compañera trabajando de sol a sol con él.

Hoy después de treinta años, tengo en mis brazos a mi pequeño José y él se llama como yo, y yo como mi padre.

domingo, 17 de abril de 2016

Una tarde gris


Esa tarde las hojas  caían lentamente. El viento frío cortaba  tu risa. Tu barba de tres días arañó 
mi piel con aquel beso y el frío se desvaneció al contacto de tu abrazo. Fue largo como el invierno, con la calidez de la primavera.

Afuera y en mi interior, la lluvia arreciaba otra vez.

El abrazo con la intensidad justa no recordaba a los anteriores, aquellos exuberantes de pasión encerrados en nuestra habitación.Si los abrazos tuviesen colores, este sería azul pálido, no era momento de pensar en los rojos intensos. Esos solo ocurrían cuando nos uníamos y sonaba una sinfonía  en que armonizaban besos y caricias del color del arcoíris.

Sentados en un bar, con un café humeante yo, y una copa de vino tú, tan solo quedaba el contacto gris de una despedida.

jueves, 7 de abril de 2016

Por ti


Por romper las cadenas que me atan
Por quebrar la frontera que nos separa
Por ver el reflejo de tus ojos en los míos
Por idear una quimera
Por hacerla realidad
Por crear olas de placer
Por volar juntos en Pegasus
Por dormir a tu vera
Por lograr nuestros anhelos
Por sentir que la vida es un regalo
Y festejarla cómo tal.
Por eso y por mucho más
Mis palabras son cometas en el aire
Buscando la altura máxima en que lucir su colorido.

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