viernes, 29 de abril de 2016

Mi padre y yo


Mi padre se llama como yo, y yo me llamo como mi hijo. Mi padre quería un hijo y durante todo el embarazo le decía a mi madre:

—María, tiene que ser un varón y se llamará como yo y cómo mi padre, José.

Mi madre no quería disgustarle .Le miraba con sus ojos castaños y poniendo su mano en la tripa le decía que palpara las patadas, que sería un hombrecito, que estaba segura.

Mi padre trabajaba desde que salía el sol hasta que desaparecía sobre las montañas que rodeaban el valle. Cultivaba tabaco, lo recogía y trasladaba las hojas al secadero. En el secadero mi madre le ayudaba con el ensarte.

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El día del parto la sorprendió en el sembrado, mi padre que limpiaba los surcos, tuvo que ayudarla. Tumbada sobre una manta del secadero allí le vinieron las contracciones y el pujo, y fue mi padre quien me recibió. Cuando me tuvo en sus brazos y mi madre preguntó que era, él tan solo dijo es José, María José.

Mi padre nunca ha extrañado un hombrecito en casa. Desde siempre estuve muy apegada a él y nos convertimos en inseparables.. Siempre he sido su compañera trabajando de sol a sol con él.

Hoy después de treinta años, tengo en mis brazos a mi pequeño José y él se llama como yo, y yo como mi padre.

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