domingo, 14 de febrero de 2016

Carta de amor


Querido amor:
Quisiera escribir una carta que llegase a ti con el empuje de un tornado y arrasara con el llanto, los mudos reproches y las noches despiertas. 
Los recuerdos me deslumbran con las buenas experiencias que vivimos juntos. Paseo por las calles que antes nos vieron andar de la mano y besarnos como colegiales y siento que esta vez todo va a funcionar. Aquella luna que fotografiabas para mí, como muda testigo de nuestro amor, me sonríe con esperanza y los sauces ya no lloran. Escribo notas ardientes como la pasión que fluye por mis venas. Hoy podría…      Podría ser tu musa
o tu princesa azul
o ser tu amiga-amante, 
si no hay otra versión.
Podría 
tener cuerpo de  diosa,
como quien va al gimnasio 
cinco horas por semana
y no comen pasteles
porque rompen la dieta.
Podría ser tu madame
de las que hacen tus sueños 
 lascivos realidad.
Podría atar tu aliento
al botón de mi cuerpo,
y enredarte en la red
de mis suspiros.
Podría hacer que baile tu cintura 
y sin tocarte,
sentirías mi vuelo.
Todo sería cierto; no una fantasía más.

Necesito escribirte. Oigo metal melódico en mi cabeza y aunque acabo de despertar de una pesadilla, me levanto y bailo, pero entonces me pregunto qué pensaréis los demás. ¡Me da igual! 
Estoy feliz porque te he vuelto a ver y deseo bailar dando volteretas moviendo mis caderas. Estoy contenta. Me gusta el sol que pega fuerte entregándome su energía. Estoy feliz por la brisa que sopla indulgente balanceando mis cabellos, y  me refresca las ideas y sé que hoy será un día maravilloso. 

Y entonces recuerdo las canciones de Silvio Rodríguez que tanto te gustan.El corazón me late  a mil. Late como cuando nos encontramos por primera vez, cuando mordí tu boca con la fiereza de una pantera hambrienta. Creábamos una figura perfecta. Mi corazón se desboca recordando nuestros cuerpos ensamblados en un galope acelerado sin destino final. Y pienso en ti y me pregunto si pensarás en mi, si aún conservas el sabor de mis besos, mi perfume acariciando tus mejillas y el calor de mi cuerpo. Mis manos me hablan de ti. Aunque ha pasado otro otoño mis manos no te olvidan. Conservan el tacto a melocotón de tu piel. Tu calor enraizado en mis dedos reconforta todo mi ser. Tu aroma se quedó tan impreso como los matasellos de las cartas que me enviabas. Ese aroma que a veces percibo incrustado en mí porque nunca abandonó mis manos. Tu aroma es el sello de tu cuerpo. Ese que extraño y deseo poseer una vez más.

Muchas veces te he negado al llegar el anochecer, pero me he engañado o al menos lo he intentado y al comenzar el alba he descubierto tu silueta en la luz que se proyecta por mi ventana. Entonces he sabido que tu alma está unida a la mía por una corriente invisible que nos hace vulnerables uno con el otro, y que por más que tu corazón se esconda, estará unido al mío y el mío al tuyo. Y es esa luz que percibo la energía que nos une aunque hoy no estés aquí.  
Sinceramente te amo y te amaré.

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