lunes, 11 de mayo de 2015

Sims3-la primavera se adelantó

El otoño pasó llevándose sus colores naranjas, dorados y dio paso al blanco del invierno. Ese año hubo una gran nevada en el pueblo y en el centro montaron un parque de patinaje por el festival de invierno. 

Mientras yo iba al trabajo por las tardes en la tienda de víveres, mi padre cantaba canciones dedicadas y tenía una actuación fija semanal en el parque. 

Lo que yo no sabía era que mi padre había conocido a una chica mientras le cantaba una canción dedicada, y la invitó al parque de patinaje. Una vez allí hablaron de temas comunes como la música, pues ella también se dedicaba al mundo artístico y estaba empleada en el teatro. A ambos les gustaba tocar la guitarra y estar al aire libre. Ese día patinaron toda la tarde y así fue como comenzaron a verse. 



Durante los días siguientes mi padre chateaba con ella todas las noches, y le escribía cartas de amor hasta que unos días más tarde le propuso tener una cita en casa. 




Una de mis vecinas, y madre de un buen amigo del instituto, vio a la chica salir de casa por la mañana cuando se iba a trabajar, me lo contó, y así me enteré del romance de mi padre. 

 Estuve entre alegrarme o enfadarme. No sólo porque no me había dicho nada sobre su cita, sino también porque temía por él. Era un enamorado del amor, y todas las mujeres que conocía, eran el amor de su vida, incluso tras solo un mes de conocerlas. Mientras algunas no confiaban en sus sentimientos porque iba muy de prisa, otras caían enamoradas y cuando a él se le pasaba, rompía con ellas y las dejaba destrozadas. Esa era una de las otras razones por las que nos mudábamos con frecuencia también.

Esta vez parecía que iba por el mismo camino y yo me preocupaba. Pues aún no tenía certeza de que esta chica sería la pareja definitiva para él. ¿Cómo no preocuparme, si luego era yo quien le veía sufrir su propio desengaño cuando se daba cuenta que todo era fruto de su prolifera  imaginación y exceso de romanticismo? Él era todo para mi y sufría con él sus bajones de ánimo. 

Sobre la cita de mi padre sabía lo que me contó con lujo de detalles mi vecina en cuanto tuvo oportunidad –disfrutaba con el chisme.  Que la chica era de una buena familia adinerada y que había venido al pueblo a vivir con su hermana Liliana Langerak, León Lopez, el esposo de esta y sus dos sobrinos Clara y Pastor. Zelda Mae que así se llamaba la chica con la que salía mi padre, era soltera, pero decían las malas lenguas que era algo coqueta. 

Ese día me enfadé tanto, que después de salir de casa de mi mejor amigo Miguel, me fui al museo y cuando cerraron, me quedé hasta tarde leyendo un libro sentada junto a la fuente. Volví a casa casi justo antes del toque de queda que nos impedía a los jóvenes de la ciudad estar fuera de casa pasadas las diez de la noche.

Al llegar, mi padre me esperaba bastante disgustado. Tan solo al mirarle a la cara me di cuenta, abría demasiado los ojos y fruncía las cejas, para colmo la comida olía a quemado y eso hacía tiempo que no le pasaba.


Y se formó la tormenta. Me gritó que como llegaba a esas horas que lo tenía todo preocupado sin saber donde estaba, que no había ni llamado a casa, ni respondido sus llamadas. Todas sus preguntas me cayeron como una ducha fría y a pesar de mi disgusto, logré percibir su preocupación. Pensé que era el momento de hablar y que me aclarara todo. 

Le conté donde había estado y por qué, lo que me había contado la madre de Miguel, y le pregunté si era verdad que salía con esa chica. Me aseguró que si y que todavía no tenían nada serio, pero que le gustaba y que tenían muchas cosas en común. También me aseguró que no hacía falta que me preocupara por él que esta vez sería más cauteloso con sus propios sentimientos. Nos abrazamos y así acabó esa velada. 



No sé si me convenció, pero yo estuve atenta porque mi futuro en familia con mi padre también estaba en juego. 


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