miércoles, 28 de enero de 2015

Reflexiones de primeros de aňo

En estos días de descanso he reflexionado  y llegado a la conclusión que malgastamos tiempo y energía en complicarnos más la vida de lo que ya es. Eso ocurre en todos los ámbitos: en el laboral, y en el personal, incluyendo relaciones de amistad, familiares y amorosas.


Y  como ya traté de explicar en otra entrada, que para tener momentos de equilibrio, de la llamada y adorada felicidad, tan solo es necesario hacer todo de forma sencilla, con optimismo y viendo la parte positiva de la mayoría de situaciones que vivimos diariamente.  Se puede ser feliz con sencillez y se puede  sufrir con sencillez también. Ambos estados emocionales se suelen mostrar exageradamente o exageramos porque creemos que somos "el ombligo del mundo", el centro del universo.

Pecamos de egocéntricos (me incluyo) y solo sentimos nuestro dolor, y queremos que otros sientan ese dolor. Entonces nos encontramos con la falta de empatía de ellos, y el dolor se acrecienta. 
Lo mejor es minimizar el sufrimiento con el apoyo de seres queridos, de forma tal que en algún momento casi olvides qué te lo causó.

Llos momentos felices pueden estar intercalados y sí nos conformáramos con el placer de conducir un coche en verano y que la brisa te golpee en la cara, pasear a la orilla de la playa o mar. Respirar el olor a los salitre y sentir la sal en los labios, caminar por tu pueblo y que te saluden todos los vecinos, estar feliz con tu cuerpo y nutrirlo, cómo nutres tu mente, con buenas lecturas, y  buena música estaremos en armonía.

Los escritores y poetas aprovechamos diferentes emociones para escribir y mostrar nuestras reacciones ante una situación que nos provoca sentimientos opuestas como: la tristeza o la alegría. El mejor regalo para el escritor es convencer con sus textos al lector, y que éste, se pueda ver reflejado en cada situación, o que por lo menos le cause alguna reacción. No todas las críticas tienen porqué ser buenas o las esperadas por el escritor. Ni todos los lectores interpretan de una misma forma. Lo peor es la indiferencia.

Volviendo al tema de las complicaciones en nuestra vida cotidiana, muchas veces pasa que por querer ayudar, complicamos nuestros actos con respecto a otras personas y tomamos decisiones erróneas de las cuales luego nos arrepentimos. Es el caso de los consejos, críticas constructivas o brindar ayuda que se mal interpretan como soberbia por parte de quien la recibe.

A veces las buenas intenciones no bastan cuando alguien con mi sensibilidad desea ayudar. Al final de la jornada, una palabra de más, mal usada  y ya está el conflicto armado, sobre todo el papel aguanta todo o lo que es lo mismo, lo que se escribe, escrito queda.
Lo mejor es no entrometerse en ningún caso o persona. Eso he aprendido últimamente. Dejar al vecino que resuelva su conflicto como pueda, quizás apoyas más, si te mantienes al margen.

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